En el año 1997 en California, Estados Unidos, una activista llamada Julia, pasó 738 días subida a un árbol secuoya para evitar que lo talaran.

Apodada “Butterfly” (mariposa en inglés), usó un método conocido como “ocupación de árboles”, que surgió en California a finales de los 70. A pesar de que hubo momentos en que estuvo por desistir y bajar, finalmente continuó, hasta que en diciembre de 1999 llegaron a un acuerdo con la compañía que quería talarlo.

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¿Cómo comenzó todo?

En la década del 90, Butterfly estaba viviendo con unos activistas de medio ambiente en California, quienes en ese momento se enfrentaban a la tala de árboles secuoya en la región. En ese contexto, necesitaban que alguien ocupara un árbol para atraer atención a la causa y Julia se ofreció como voluntaria, pensando que estar subida al árbol unas dos semanas, tal vez un mes. Nunca imaginó que terminaría estando allí dos años.

Finalmente, el ascenso al árbol se concretó un 10 de diciembre de 1997, cuando la joven trepó a un árbol secuoya de 55 metros de altura al cual le dio el nombre Luna. En ese momento, tomó consciencia de en qué se había metido. “Estás atada a una soga de escalar, usas tus manos y pies para lentamente ir subiendo al árbol. A unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí los ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía”, relató.

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Vivir en una secuoya gigante durante dos años

Su hogar en la secuoya consistía en una plataforma de dos metros por uno y medio, aproximadamente el tamaño de una cama sencilla. Después de pasar un año subida al árbol, pudo armar una segunda plataforma. Se resguardaba bajo una lona de plástico, su cama consistía en una bolsa de dormir y le subían la comida con un lazo.

En varias ocasiones, se vio obligada a rehacer este refugio porque el mal tiempo se lo llevaba. “Después de las tormentas recolectaba ramas y las tejía con los trozos de lona destrozados y mi techo se convirtió en algo parecido a un cesto de ramas, plástico y cinta adhesiva”, contó Julia.

Estos inconvenientes ponían a prueba su convicción de seguir allí arriba. Así, entre otras cosas, tuvo que soportar tormentas con vientos de hasta 150 kilómetros por hora, lluvia congelada, granizo y, finalmente nieve, que destruyeron su refugio. Sin embargo, la joven estaba decidida a cumplir con su palabra. “Ya fuera una respuesta de la naturaleza o alguien llegando inesperadamente con algún tipo de obsequio. Hubo pequeños incidentes como esos, en momentos en que ya no podía más algo ocurría que me decía puedes aguantar. Un respiro más, un momento más”.

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Al final, después de varios intentos de hacer que bajara (por ejemplo, cortándole el suministro de alimentos), el 18 de diciembre de 1999 la protesta de Julia terminó. Se había llegado a un acuerdo con la compañía maderera. La joven y el resto de los activistas lograron reunir una suma (US$50.000) y pagaron a la compañía para rescatar al árbol y un área aledaña de unos 12.000 metros cuadrados.

¿Qué piensas sobre este hecho? ¿Subirías a un árbol para protegerlo?

Fuentes:

BBC

La Nación