Las probabilidades de ser golpeado por un rayo son de una en un millón, pero algunos son los suficientemente desafortunados como para sufrir este destino, que puede ser mortal.

Ese es el caso de Beth Paterson, quien a sus 49 años no ha sufrido uno, sino dos impactos de rayo. Según ella, la primera vez ocurrió así: “La lluvia empapó mis botas y mi corazón brincó en mi pecho cuando un rayo partió un árbol por la mitad a solo 45 metros de mí”.

Todo sucedió por sorpresa, solo las nubes negras advertían de la fatalidad, al ser golpeada por el rayo y ser lanzada a unos 9 metros sobre el suelo de concreto.

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Beth Peterson fue golpeado por dos rayos el mismo día, con un año de diferencia (BBC Three)

Sentía que cada centímetro de mí estaba ardiendo, ardiendo con electricidad, matándome.

Beth solo tenía 24 años y era soldado, trabajando en Fort Benning. Otro guardia llamó a los paramédicos para que la auxiliaran. “Me resucitaron, a pesar de que el rayo que había entrado por mis pies, atravesado mi cuerpo y salido por mi boca y cabeza había parado los latidos de mi corazón”, recuerda.

Cuando llegó al hospital, Beth no podía hablar ni sabía qué había sucedido porque tenía la mandíbula rota, estaba semiconsciente y se encontraba con una lesión cerebral grave.

También tenía los vasos sanguíneos de los pies destruidos, por lo que no podía caminar. Luego de doce cirugías para reconstruir su mandíbula y que los dedos de sus pies fueran amputados, ella lentamente volvió a aprender a hablar, leer, escribir y hacer todo lo que normalmente hacía antes.

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Un año después del acontecimiento, otra tormenta se avecinaba, por lo que Beth decidió enfrentar sus temores y plantarse en su porche. “De repente… lo sentí”, dice.

El mismo destello, la mima luz, el ardor agonizante, había sido impactada de nuevo por un rayo. “Los rayos son responsables de más de 4.000 muertes en el mundo cada año y, aparentemente, las probabilidades de ser alcanzado por un rayo en EE.UU. es de 1 en 700.000 (en Reino Unido es 1 en 10 millones)”, explica.

Pero no tengo idea de cuáles serán las posibilidades de que te caiga un rayo en dos ocasiones y en el mismo día con un año de diferencia... hasta donde sé, esas estadísticas no existen”.

Los incidentes dejaron a Beth sufriendo un intenso dolor físico y psicológico (Unsplash)

El segundo rayo no la hirió tanto como el primero, pero el proceso de recuperación fue el mismo, lento y doloroso psicológicamente. Beth vivía obsesionada con el cielo, las nubes y la lluvia.

Luego del segundo impacto, Beth se casó y tuvo un hijo, y en 2013 escribió un libro sobre canalizar el dolor para hacerse más fuerte. También da charlas a pacientes con estrés postraumático.

Los rayos pueden haber cambiado mi vida irreparablemente, pero también le dieron un propósito a mi vida: ayudar a otros”, confiesa. Ahora Beth dedica su vida a apoyar a los que necesitan ayuda, como ella lo necesitó en su momento.

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Fuente

BBC Mundo