Tal vez nos resulte más sencillo describir o decir lo que nuestro sistema sensitivo no es, que intentar describir lo que es. No se trata exclusivamente de un conjunto de cinco sentidos. No nos brinda una imagen real y auténtica del mundo exterior, e incluso puede ser engañado fácilmente. Toda sensación está ligada a la percepción, a la interpretación.

Como ha escrito el investigador y neurólogo Vernon B. Mountcastle, profesor emérito de la Universidad Johns Hopkins, “cada uno de nosotros cree que vive directamente en el mundo que lo rodea, que siente sus objetos y eventos en forma precisa, que vive en un tiempo real y actual. Yo afirmo que se trata de ilusiones de la percepción. Resumiendo, la sensación es una abstracción, no una réplica, del mundo real”.

A la información que nos trasladan las vías sensoriales se suman los condicionamientos adquiridos a priori, haciendo que cada persona perciba una realidad distinta.

Meditación con cuencos tibetanos

La frase no vemos el mundo como es, lo vemos como somos, es muy acertada, porque nos revela que el conocimiento previo sobre lo que observamos modela nuestra interpretación y genera paradigmas que nos dificultan ver la realidad objetiva.

Desde niño escuché y me fue enseñado lo que ya en la antigüedad estableció el famoso Aristóteles, al postular el concepto de los cinco sentidos: vista, oído, gusto, olfato y tacto. Y allí terminaba la lista. En la actualidad la neurociencia ya ha comprobado que las informaciones sensoriales son más variadas y alimentan una mayor gama de sensaciones.

Cuántas percepciones, sensaciones y estímulos internos y externos captamos que no se encuentran catalogados en las famosas cinco vías sensoriales referidas por el célebre filósofo.

Además, existe una relatividad en las percepciones del sistema sensitivo y, como consecuencia, en la información que nos llega. Por ejemplo, si colocamos una mano en un recipiente con agua caliente y luego la pasamos a agua tibia, percibiremos una sensación fría. Si a continuación la metemos en agua fría y luego la volvemos a pasar al recipiente con agua tibia, nos parecerá más caliente que antes. Solamente en la piel poseemos miles de terminales nerviosas que captan estímulos y nos proporcionan sensaciones e informaciones variadas. La ciencia está buscando descubrir y comprender muchas otras percepciones interconectadas en complejas mallas de conexiones.

Hace milenios, antiguas filosofías percibieron empíricamente que cuando uno cierra los ojos y respira de manera lenta y profunda, se aquietan los sentidos y se abre un mundo de sensaciones sutiles y un estado de integración que reconforta y que ignorábamos poseer.

La forma interna de sensación, llamada propiocepción, constituye un sentido que envía información de la misma forma que lo hace cualquiera de los otros. Para acceder a esos estados de conciencia ampliada se han elaborado técnicas que funcionan como llaves de acceso al autoconocimiento y, desde allí, nos dan la posibilidad de apreciar el mundo y sus fenómenos con mayor objetividad y certeza. 

Una de esas llaves es la meditación.