"La mejor manera de recolectar una ortiga con las manos es hacerlo muy rápido”, explica Izzy "Fizzy” Johnson. Desde un seto iluminado por el sol al borde de un sendero en Tottenham, al norte de Londres, la joven de 24 años arranca las hojas jóvenes de la parte superior del tallo. Hábilmente, enrolla una de las hojas como un cigarrillo, con la parte inferior hacia arriba. De esta manera, mantiene los pelos urticantes de la hoja lejos de su piel y forma una esfera abultada de tejido verde.

"Así es como se come una ortiga cruda”, dice mientras introduce rápidamente la bolita de ortiga entre los dientes. Esta es la mejor manera de obtener el máximo valor nutricional de una planta rica en hierro, vitamina A, y que contiene más proteínas que la espinaca.

"A mí me saben a judías verdes, pero a cada persona le sabe diferente”, dice Johnson que, en tiempos normales, organiza paseos para recoger plantas salvajes comestibles bajo el nombre de "Benevolent Weeds" (del inglés, maleza benévola).

El confinamiento, que comenzó el 23 de marzo en el Reino Unido y se mantiene todavía, ha hecho que muchos habitantes de la ciudad se fijen en los frutos que florecen en su vecindario en primavera, y que normalmente pasan inadvertidos.

En marzo, los recolectores urbanos comenzaron a combinar sus dos salidas diarias permitidas (para comprar alimentos y hacer ejercicio) y empezaron a recolectar ortigas, flores de saúco, diente de león, raras setas de primavera, hojas agrias de mora, perifollo verde parecido al anís y abundante ajo silvestre de los setos, las riberas de los ríos y los humedales.

hojas de ortiga

"Antes de que comenzara la crisis de la COVID-19, la búsqueda de alimentos en las ciudades ya estaba ganando popularidad”, cuenta Wross Lawrence, autor de "The Urban Forager: Find and Cook Wild Food in the City” (del inglés, encuentra y cocina comida silvestre en la ciudad)

A medida que los londinenses se enfrentaban a los largos días vacíos y a las calles desiertas, los setos quedaban tupidos y sin cortar, ya que muchos trabajadores de mantenimiento estaban de permiso, y el interés aumentaba. Pero el mayor cambio durante el confinamiento ha sido en la mentalidad, según Lawrence.

"Definitivamente hay más gente que lo está haciendo. Recibo muchos más mensajes a través de las redes sociales y amigos preguntándome: ¿cuál es esta o aquella hoja? ¿Estoy eligiendo lo correcto?” cuenta Lawrence. "Creo que el encierro ha hecho que la gente quiera volver a estar en contacto con la naturaleza”.

Mentalidad de crisis

Muchos principiantes, como cocineros de restaurantes, instagrammers, niños y pensionistas quieren aprender de recolectores experimentados en internet. Retransmiten en directo sus salidas en las redes sociales o, como Johnson, comparten sus conocimientos en conversaciones a través de la plataforma Zoom.

Kim Walker, es instructora de recolección de alimentos y estudiante de doctorado en el Real Jardín Botánico de Kew. Cuenta que las personas confinadas en casa tienen diversas razones para querer salir y recolectar alimentos silvestres.

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"Una de ellas es que todos sentimos miedo sobre el futuro, incluyendo el futuro económico. ¿De dónde vendrán nuestros alimentos? La gente está más interesada en saber qué alimentos de la naturaleza son comestibles, en caso de encontrarse en una situación de supervivencia, ¿qué tipo de alimentos podrías comer de la naturaleza? ¿Podrías sobrevivir por tu cuenta?”

El interés por la búsqueda de alimentos salvajes alcanza su punto máximo en tiempos difíciles, según un estudio de 2017, que examinó la recesión de 2008 y destacó cómo el conocimiento sobre la búsqueda de alimentos puede apoyar la capacidad de recuperación de la comunidad durante las crisis sociales y económicas.

Pero la mayoría de los recolectores prefieren verlo como una forma de descubrir los sutiles cambios del entorno y de las estaciones, practicar la atención, aprender sobre remedios naturales o explorar las historias míticas y folclóricas que rodean a las especies nativas, según Walker.

"Una de las preguntas filosóficas sobre el origen de esta crisis es sobre cómo vive la gente y por qué se siente aislada de la naturaleza”, dice Walker, y se pregunta: "¿se debe esto también al hecho de que no vivimos en armonía con la naturaleza?”

Esperanza y sabor

Las cadenas de suministro de alimentos se han mantenido en su mayoría estables durante la crisis. Sin embargo, al dejar de lado las agitadas rutinas laborales de nueve a cinco, los londinenses se han dedicado con entusiasmo a cultivar hortalizas, intercambiar plantas, hornear con masa madre y otras actividades para producir alimentos con sus propias manos, en lugar de ir a un mercado comercial.

Muchos se han sentido atraídos por sus papilas gustativas, incluyendo algunos chefs con estrella Michelín, que se han lanzado a la tendencia de buscar comida en las ciudades.

Rick Baker dirige la pizzería pop-up Flat Earth Pizzas en Homerton, al este de Londres, que utiliza ingredientes orgánicos y de elaboración propia.

Antes del confinamiento, Baker tuvo éxito vendiendo una pizza con álsine (una planta) y puntas de ortiga cocinadas en mantequilla marrón, pero tuvo que responder a las preocupaciones de los clientes sobre los peligros de los ingredientes recogidos. Cuando reabran los restaurantes, espera un sistema de alimentación más local, donde el deseo del público de apoyar a las pequeñas empresas y a los trabajadores de la alimentación pueda combinarse con la euforia por la comida local.

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"La industria en la que trabajo está pasando por un infierno”, dice Baker. "Esperemos que la nueva normalidad sea que la gente sea más curiosa. Ahora están más dispuestos a probar cosas. Aprecian más lo que pasa a su alrededor”. Espera que este tiempo de reflexión plantee más preguntas sobre nuestra comida.

"Es un proceso gradual, la gente no solo va a buscar comida”, dice Baker. "Primero cultivarán hierbas en la ventana, o calabacines o lo que sea. Y luego empezarán a hacer más preguntas como: ¿de dónde vienen estos alimentos?”

Recuperando el conocimiento perdido

Londres no es el único lugar, donde es visible un nuevo apetito por los alimentos silvestres, según Łukasz Łuczaj, jefe del departamento de botánica de la Universidad de Rzeszow, Polonia. En su canal de YouTube, Łuczaj ha notado un aumento en el número de recolectores de toda Europa, que participan en sus clases.

Hace unos 15 años, dirigió cursos de recolección en Londres, y descubrió que, a diferencia de Polonia y sus vecinos, los ingleses habían perdido gran parte de su cultura tradicional de recolección.

"La recolección de hongos en Gran Bretaña no era muy popular”, dice Łuczaj. "Tal vez después del confinamiento, se interese más gente”.

Michael Green, un ingeniero civil que vive en la frontera de Londres con el condado de Essex, tomó el gusto por la recolección de hongos hace años, y comparte sus hallazgos en Instagram.

Durante el confinamiento, Green ha teletrabajado desde casa y reemplazado su viaje diario de dos horas por largas caminatas a través de bosques y campos en el noreste de Londres. Durante la Pascua judía, Green pudo recolectar y compartir hojas de rábano picante cuando las tiendas se quedaron sin las hierbas amargas que se suelen servir como parte del plato del Séder de Pésaj, al comienzo de la fiesta judía.

"Soy tan afortunado de tener este lugar en mi puerta. Es como una terapia venir aquí”, dice. "Me ayuda a ir más despacio en mi rutina diaria. De lo contrario, tendría prisa por ir a algún sitio, por coger el autobús para ir al trabajo. Pero ahora tengo un ojo para las malas hierbas y las plantas que aparecen entre los adoquines y las flores silvestres que brotan en las áreas de barbecho. Hace que la ciudad sea más interesante”, relata.

Fuente: Matthew Ponsford para DW