Muchas veces tenemos tantas cosas en la cabeza que perdemos la noción de lo que realmente importa. Entre trabajar, cumplir con un sin fin de obligaciones o a veces simplemente con terminar las tareas del escuela, nos convertimos en robots que operan con base en lo más urgente.

Vivir así comienza a cobrar una cuota. Nos sentimos más cansados de lo normal, más irritables y cada vez nuestra salud empeora. La tendencia a subir de peso y a caer en depresión son altas en ésta época, y, como una caída en espiral, el tiempo sólo acentúa los problemas.

Tal vez la respuesta está en el ejercicio

Ver el ejercicio como un martirio para estar en forma es una de las peores cosas que puedes hacer. Se trata de entender que la actividad física es mucho más que eso, es una forma de mantener el cuerpo, el espíritu, nuestra mente y nuestros pensamientos, mucho más sanos de lo que creemos que podemos estar.

Pierdes motivación

No hacer ejercicio te sitúa en un estado de ánimo paupérrimo. Tal vez no te das cuenta, pero poco a poco las cosas comienzan a ser más pesadas, en un sentido metafórico. Incluso salir de la cama se convierte en algo imposible.

Pierdes concentración

En el trabajo puedes notar que tus acciones son más repetitivas. Tal vez la monotonía te alcanzó, pero si hicieras un poco de ejercicio físico todos los días, entenderías que muchas veces esa falta de compromiso no es más que una cuestión física que necesitaba atención.

Tu cuerpo lo resiente

Ya lo dijimos, pero es impresionante cómo el cuerpo entiende que no estás haciendo ejercicio y rápidamente te lleva a caer en malos hábitos. Además de transformarse físicamente, tu condición física puede deteriorarse de forma insospechada.

Tu mente lo sabe

El ejercicio libera dopamina, te hace sentir bien y aunque pueda ser cansado y hasta doloroso, el resto del día te da la energía para continuar adelante. Una vida sin ejercicio es como un día que cada vez se torna más nublado. Hay estudios que han demostrado que los efectos positivos del ejercicio en la mente surgen en menos de 24 horas.

El ejercicio debe ser una rutina que hagas casi todos los días. Necesitas encontrar tiempo para darle al cuerpo un poco de actividad, pues muchas veces pasamos meses, si no es que años, renegando de cualquier cosa que eleve nuestro ritmo cardiaco al mínimo y nos transforma en personas que parecen haber perdido la voluntad de retar a su propio cuerpo a dar cambios significativos.

Fuente:

Mayo Clinic

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